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Es el calor que te despierta sudando de la siesta y el aguacero que te arruina el uniforme del 3 de noviembre. Panamá es vivir con la danza del mar bajo tus pies y con el olor del fogón llamándote cual canto de sirena. Panamá es luz, fogaje y pereza. Panamá suena a totorrones en Semana Santa, a saloma al atardecer y a monos aulladores en la madrugada de la selva. Para sobijar las penas y humedecer las alegrias esta el Seco!. Para bailar bajo el sol del mediodía sin morir en el intento, están los culecos y para ahorrar sin darse cuenta, esta el club de mercancía. Panamá es pequeño, larguito y angosto, una tripita apenas. Es el cordón umbilical sin el cual Las Américas no sería una sino dos. Es tan chiquito que ir de un café del Casco Viejo a bailar en el sofoco del Cosita Buena toma unos minutos en una noche clara y de abuelitas recogidas. Su pequeñez es deliciosa y portatil, como dijo Ricardo Miró, "quizas fuiste tan chica para que yo pudiera llevarte toda entera dentro del corazón". Panamá tiene el ardor de una raja de canela y el acidito de un ceviche y al sabor de un buen saos o un plato de mondongo con plátanos en tentación o unos buenos patacones con pescao frito. |
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Huele a gallina de patio, a guardado de humedad y a guandú fresco y oloroso. En Navidad sabe a saril, en Semana Santa a pan bon y en patronales a puerco frito. Aún con sus ricos sabores, de vez en cuando nos da por "revolver la mirada y sentir espanto" ante el político ladrón, la solución que nunca llega y el conformismo que no mueve nada. Los flojos nos quedamos en la quejadera y los sabios usamos la palabra "salao" sólo para pedir la golosina roja en la tienda del chino. "Panamá por Dios privilegiada, El te hizo centro del mundo y todas Las razas", cantamos los fieles feligreses en la iglesia. Otros preferimos el "playa, brisa y mar es lo más lindo de la tierra mía" y algunos bailamos la patria con el bum bum del reggae. Pero todos estamos de acuerdo con aquello de que "patria son tantas cosas bellas". |
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A mí, la patria me sabe, me huele y me suena a mar, ese que se quedo atrapado en "la pequeña celda del caracol". "Déjame sonarte entre tus delfines, déjame sentir que todavía estás..." "La busqueda de tu leyenda personal siempre comienza con la suerte del PRINCIPIANTE y termina con la prueba del CONQUISTADOR. |
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